lunes, julio 03, 2006

:(

Había una vez un país de cuento de hadas, dividido entre quienes añoran la Edad Media y en quienes no tienen idea de cómo pero piensan que las cosas tienen que cambiar. Una minoría que todo lo tiene claro pero no hace nada por imponer su claridad a los demás para así seguir teniendo a quien llamar Pendejo y preservar entre oreja y oreja esa calidad excepcional de minoría ilustrada.
Hubo una vez un país que le apostó a la familia, ese invento milenario y represor que se sostiene entre la compulsión procreadora y una estabilidad de pos-it’s, basada en un dibujo de kinder que no permite alteración alguna porque si te sales de la raya se viene todo abajo.
Hay un país caminando entre la cuerda floja sostenida por dos dinosaurios que juegan con ella, esperando al próximo habitante de una silla cada vez más decorativa, chapeada en brillante ridículo, barroca hasta la náusea, que alguna vez quiso significar algo y que sueña para sí misma un futuro de baratija en un mercado sobre ruedas.
Hubo un sueño tramposo llamado democracia que mientras más se hace realidad más se bautiza a sí mismo como pesadilla.
¿Tantos millones de votantes ubicados de uno y otro lado de las encuestas no pueden estar equivocados? Cuando la democracia está diseñada para institucionalizar el error, la burla se convierte en el tipo de cambio más estable que soñó cualquier economía.