jueves, marzo 02, 2006

Cuaresma

Nunca había yo visto una película tan mala que hiciera parecer cualquier título reciente del cine mexicano una cátedra de Orson Wells. Lo que parecería improbable es que el bodrio fuera de nacionalidad francesa, y no es que el cine francés sea infalible (pero para nada), lo que pasa es que un país del primer mundo con una industria relativamente consolidada con directores como Claude Chabrol y Francois Ozon no debería darse el lujo de exportar esta clase de subproductos que nada le piden en rigor dramático a cualquier capítulo de "Mujer, casos de la vida rial".
Pero esa película de cuyo nombre no quiero acordarme era lo de menos: la mítica Nastassja Kinski y el ex guapo Christopher Lambert fueron testigos de mi total indiferencia gracias a la compañía de un extraño en vías de dejar de serlo. El problema es que el pésimo guión en pantalla palidecía ante la diarrea verbal del acompañante en turno, un porteño color llanta prófugo del carnaval.
Yo puedo ser, cuando me conviene, muy bondadoso con los desconocidos, pero los desconocidos bien podrían corresponder con un poco de economía verbal, porque uno luego no haya cosas suficientes que meter en esas bocas para detener las ráfagas discursivas que serían la delicia de cualquier terapeuta cobrando palabras por minuto.
En lo que la película se tropezaba en su prisa por contar los inconvenientes morales de la clonación humana, yo elucubrara (entre besos y toqueteos) cómo sería la siguiente escena de mi segunda aventura erótica en un lapso de tres días , pues una racha como esta hay que aprovecharla.
El ladrillazo cierra con una canción de Goldfrapp y nosotros esperamos a que salgan las otras tres parejas de la sala para darnos un trence que aún ha de estar en las pesadillas o los sueños húmedos (uno nunca sabe) del encargado de la limpieza. Acto seguido nos dirigimos a mi departamento y nos tomamos nuestro tiempo para reducir nueve semanas y media (con Nutella y otros ingredientes de por medio) a unas cuantas horas que terminaron colgadas a las cuencas de mis ojos. Las ojeras eran lo de menos, el problema era el romance accidentado que mi frente mantenía con el teclado y el monitor de mi computadora al día siguiente.
Pero bueno, alguien tenía que recibir la factura por semejante desliz, que sin bastarle lo refrescante y satisfactorio que resulta, además es Pecado. Bienvenida sea la cuaresma.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Manuel hablános acerca de tus impresiones de personajes de carnaval del siglo pasado como: Darío Galaviz, Abigael Bohórquez, Alonso Vidal, y si los ves vigentes con el mundo gay actual, o los vez muy carnestolendos pero que definitivamente abrieron brecha, ¿cual es tu impresión?..

Anónimo dijo...

acuerdate que no hay que comer carne roja... puro pescadito

Anónimo dijo...

Pescadito que asco! ni en ceviche... usté coma carne y mucha, mientras pueda...