lunes, julio 24, 2006

Blue

Me levanté de la cama como sonámbulo, caminé hasta el baño sin ponerme las sandalias, oriné sin levantar la tapa y me metí a la regadera con todo y ropa. El agua era tibia y yo esperaba a que corriera el chorro lo suficiente para que me refrescara y nunca cambió la temperatura. El agua que corría hacia el resumidero de pronto se fue tiñendo de azul y ni siquiera reparé en que mis boxers eran negros y la camiseta blanca...ni siquiera en que no había razón para que se decolorasen.
Me quito la ropa mojada, empapo la esponja con el jabón líquido olor lavanda y empiezo a tallarme el pecho, los brazos, las axilas, los genitales, los muslos y las piernas. Al llegar a los pies, cambio de esponja y los tallo hasta que duele un poco. Vuelvo a tomar la otra esponja y me tallo el cráneo, las orejas y la nuca. Tomo el jabón neutro y me enjabono el rostro y lo tallo con fuerza para obligarme a despertar.
Al ponerme de nuevo debajo de la regadera, siento como la temperatura ha mejorado y la frescura del agua hace que me quede minutos parado, viendo cómo la espuma se desvanece entre mis pies y no me sorprende que sea azulosa, casi tanto como cuando pones Pato Purific en el tanque del escusado (si no fuera porque registro el color, juraría por mi indiferencia que soy daltónico).
Cuando el agua está a punto de desbordar el espacio de la regadera, cierro la llave y estiro la mano para alcanzar la toalla, pero me doy cuenta que no hay ninguna. Salgo y me acerco al clóset empapando el piso del baño, tomo una toalla y me acerco al espejo para secarme (no sé porqué tengo la costumbre de verme al espejo mientras me seco).

...al colgar la toalla me doy cuenta que tiene manchas azules, volteo a verme de nuevo al espejo sin notar nada fuera de lo normal: es evidente que tengo más de tres días sin rasurarme, mis ojos están un poco hinchados y tienen ese dejo de tristeza que yo nunca había notado hasta que alguien me lo señaló: un extraño salido de la nada, creyéndose en una película de Eliseo Subiela (diría mala, si acaso tuviera de otras), sólo que sin gabardina ni la voz o el rostro de macho llorón de Darío Grandinetti.

No hay comentarios.: