jueves, diciembre 15, 2005

YO(ko)NO

Apareció en una década donde las sorpresas estaban a la orden del día, donde el mundo parecía tener una oportunidad, donde juventud y libertad eran un combo que creyó -sobra decir que ingenuamente- poder derribar las barreras de la utopía. No era conocida masivamente, pero al convertirse en la esposa de la figura más importante del pop mundial, su pálido rostro y larga cabellera negra se convirtieron en el precedente de la estética greñuda que domina el cine de terror japonés actual.

Así de inquietante fue el impacto de Yoko en la opinión pública y mediática: una enigmática figura que, gracias a sus excentricidades y origen racial, accionó todos los resortes machistas y racistas de una audiencia que se soñó progre hasta que Ono, con sus pies pequeños y grandes ideas, los plantó de vuelta en la triste realidad, los bajó de la nube.

Fue culpada por la separación de The Beatles y no sería descabellado pensar que haya quienes también la responsabilizaron de la muerte de Lennon, aún teniendo al asesino tras las rejas (cuando los fanatismos intervienen el sentido común sale por la ventana). Yoko, sin embargo, renunció desde un principio al papel de víctima y ha sacado un inmejorable provecho a su condición de viuda universal.

A diferencia de Jackie Kennedy, Yoko no se conformó con sacar provecho social de los reflectores y la lástima mediática - ni se hundió en la lucha egocéntrica y autodestructiva de una Courtney Love- por la sencilla razón de que ella tenía personalidad e intereses propios, lo que le evitó el trance de sentirse eclipsada por su pareja.

Si hubo algo que nadie pareció perdonar nunca fue la simbiosis que se dio entre John Lennon y Yoko Ono, influenciando recíprocamente su trabajo y cambiando el rumbo de ambas carreras. Se les acusó de traicionarse como artistas, evidenciando la profunda envidia que inspiraban, misma que movió la mano de Mark Chapman al disparar compulsivamente sobre su ídolo hace 25 años, confirmando que siempre detrás de un fan se esconde un peligroso detractor.

Si alguien sabe de detractores es esta japonesa de 67 años, que ha utilizado galerías, libros y discos como medio para denunciar los peores defectos mundiales, no sin evitar salir favorecida económicamente con ello (es conocida su ferocidad a la hora de defender sus derechos como heredera del patrimonio Lennon y hay quienes la han acusado de codiciosa).

Lo que no se puede negar es que si alguien ha sabido sacar partido de la viudez esa es la Ono, sin descuidar su trabajo como artista visual por el simple hecho de tener la vida resuelta. Al contrario, se ha convertido en una referencia obligada en el mundo del arte al mismo tiempo que figura del Jet-set internacional, y eso tiene su mérito.

Esta feíta y chaparrita mujer creó el molde de figura mediática femenina que tan bien ha explotado la islandesa Björk, con quien se emparenta en muchos sentidos, diferenciándolas principalmente el discurso político explícito en el trabajo de Ono y menos explotado en el de la islandesa, quien se regodea en un narcicismo exquisito que roza lo irritante (término aplicable a varias de las ocurrencias de ambas).

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Perdón pero Bjork, no tuve la sacudida generacional, ni la contracultura de los sesentas, a la islandesa ya le tocó todo en charola de plata (nos referimos al devenir de las ideas), no representa lo mismo que Lennon, y Yoko-Ono.

Manuel dijo...

Totalmente de acuerdo. De hecho, Björk es de la generación que rompió con la idea peregrina de la comuna hippie (sus padres lo eran) y su arte tiene más que ver con el individualismo que con las ideas colectivas o las utopias revolucionarias.
A lo que me refería yo es a esa manera en que ambas inquietan, fascinan y repelen al mismo tiempo a la audiencia. Es lo que las hace interesante.

Anónimo dijo...

A ya te entendí, también el individualismo marcó la cultura de la década de los noventas, pero lo interesante es que a principios del siglo XX1, Y finales de la década de los noventas, surgió una corriente neo-hippie que no tuvo mucho eco salvo en la moda (Véanse los pantalones acampanados, las aloas o sandalias en hombres, las faldas de Janis Joplin en mujeres etc)y que llegó al clímax con la película LA PLAYA con Leonardo Di Caprio, y unos actores franceses, que se van a una comuna europea en tailandia, donde tienen un cultivo de mariguana, fue una película cliché, donde lo más rescatable fue el sound-track o banda sonora.

El diablo probablemente dijo...

Pero a diferencia de Bjork, Yoko-Ono siempre fue una artista multidisciplinaria,y de avanzada,algo que pocos saben pues Ono siempre serà "la viuda de Lennon": aparte de su producciòn musical, pocos recuerdan, por ejemplo, sus provocadoras colaboraciones en los performance del colectivo FLUXUS y sus instalaciones urbanas(mucho antes de que estas palabras -performance e instalacion-se pusieran de moda en el mundo del arte)asì como sus incipientes trabajos en la fotografìa...Yoko-Ono, después de Lennon, se volviò artista elitista, de consumo para unos cuantos. Bjork en cambio siempre ha sido mucho màs popular...aunque ambas tengan la misma idea decadente del arte y una voz no igual pero irritantes en un mismo nivel.

víctorhugo dijo...

Yoko Ono aparece en ese discote llamado The Rolling Stones Rock and Roll Circus (con mayùsculas) cantando Whole lotta Yoko ¡acompañada por The Dirty Mac!(Lennon y Clapton en guitarra, Keith Richards en bajo y Mitch Mitchell en la baterìa -Mitch tocaba con Hendrix). Y la señora cantaba (aún) pero refeo.