jueves, junio 09, 2005

El rincón de los PRODIGIOS

Había una vez, y dos y tres, un escuadrón de soldados, guardianes de su “buen gusto”, atrincherados atrás de la barra de un bar de mala muerte y de peor suerte, armados de nostalgia y el hígado como escudo, defendiendo la integridad de lo que se había convertido en su único hogar y refugio, el único lugar en que podían ser como ellos quisieran: la cofradía de la caguama y el porro prometido, el rincón de los prodigios, el castillo de la pereza.

Todo era armonía desentonada, pero un buen día, la amenazante realidad se fue filtrando por sus paredes y ésta, con su múltiples colores y formas, se instaló como testigo de ese bastión de resistencia donde sus acólitos atrapaban al tiempo como si atraparan mariposas con redes de ilusión para no dejarlo escapar.

Tanto color empezó a llamar la atención de los de afuera donde todo es feo y especies de diferentes partes empezaron a llegar, alterando con su presencia la estética decadente del lugar. De la noche a la mañana todo se convirtió en un enjambre de abejas reinas que sólo al cruzar la puerta eran seducidos por el lado oscurito de la fuerza y todo lo que necesitaban era una caguama, un cigarrillo y unas monedas para una maquinita mágica escupe-canciones.

Todo parecía irse ajustando, pero un buen día llegaron dos mujeres hechas por sí mismas enfundadas en minifaldas hechas a mano como ellas, desafiando la gravedad montadas en sus tacones del quince y sacudiendo su cabellera leonesca pidieron una caguama al bartender que las miró entre azorado y curioso.

El calor del lugar amenazaba con derretir el rimel Avon. Perséfone (nombre que tomó prestado de una Enciclopedia Universal), roció su rizos con un acondicionador tan oloroso como su perfume y meneó su cabeza a la Vero Castro en “Los ricos también lloran”. Unos rizos - pero como serpientes medussinas- alcanzaron a uno de los parroquianos en la cara y el ingrato, que no tardaba en resignarse a la amenazante diversidad que contaminaba la cueva, entró en cólera despotricando (en lenguas vivas y muertas para mayor verismo) contra todo aquél que no tuviera pedigrí, llamó a su clan y empezaron a rodear a las vestidas que ya habían sacado sus uñas envenenadas.

Perse (para los cuates) e Isis (nombre de batalla de la otra) se contrajeron como felinas, se pusieron de pié, juntaron sus espaldas y empezaron a dar vueltas a lo Kill Bill en lo que eran acosadas por la manada que les reclamaba su atrevimiento, su osadía y cinismo maricón. Argumentaban a coro que no iban a permitir que alterasen el “concepto” del lugar, que a partir de ese día se reservaban el derecho de admisión.

En ese momento dejó de sonar en la rocola blindada una canción que se había convertido en mantra y se escuchó la voz rasposa de Isis al tiempo que miraba con displicencia al que abrazaba con fuerza el aparato, resguardando como mártir la “exclusiva” selección musical compuesta de sones y trova cubana:

--Mira, mi amor -le dijo- Nosotras estamos de vuelta de todo, hemos pasado por el desprecio, la marginación, el acoso policiaco, los golpes (incluso el abuso infantil, pero de ese ni quien se acuerde), los peelings, las hormonas, las prótesis, las almorranas, las mechas de colores y muchas otras cosas, pero si hay algo que aprendimos a no tolerar es la necedad que tiene algunas especies por defender, incluso por encima de sí mismos, su mal gusto... Adios.

Ante el asombro de los que antes eran una jauría, Isis y Perséfone se tomaron de la mano y salieron de lugar llevándose con ellas el color y el aire, dejando sólo las paredes sucias y un elocuente, lapidario SILENCIO.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Te vengo leyendo desde hace un tiempo, me gusta como dices las cosas... Este post... wow!! en el universo gay la discriminación es casi la misma que en el straight... si no es con las travas, es con los gordos y si no con los bisexuales... siempre hay algún otro a quien discriminar... será la condición humana... lo peor es que la tenemos internalizada, al menos yo, porque no es lo mismo no discriminar acá sentadito que ya conviviendo con todas las especies, todas las clases, todas las pintas y todas las categorías... en fin, mucho que avanzar todavía... saludos

víctorhugo dijo...

se me hace que isis y perse, perdón, perséfone, se apendejaron: lo más seguro es que los "machos" en cuestión sólo buscaban emociones fuertes. digo: a esa cantina va un buti de viejas guangas, con ánimos de iglesia, padre y luna de miel... y cosas peores. jeje.

lo peor es que al rato que se corra la voz van a querer excomulgarte: en esa cantina tampoco hay sentido del humor...

Manuel dijo...

Gracias, Iván. Tienes toda la razón, lo que no me cuadra es la falta de imaginación con la que reviste alguna gente sus fobias: la peor es la de la sonrisa solidaria de lejitos y tengo una lista, pero todas en contra de sí mismos. Así es la vida de autoboicoteadora?

Anónimo dijo...

La intolerancia es el refugio de los cobardes. Tanto alardear libertad de pensamiento y acción y que se nos doblen las rodillas si vemos a un maCHo con muCHo rimel (porque ya van dos tres hombres muy hombres que se enchinan las pestañas y les dan su manita de gato) Chale chale

Anónimo dijo...

Estaría bueno aclarar cuál es el "concepto" de ese lugar.
atte
J.A.

viajer@s dijo...

Te juro que me interesa la sobrepoblación mundial, peeero...luego te cuento con unas cheves en el rinconcito que cuentas. Te adelanto que lo bueno de tal contradicción es que está precioso y me ha devuelto a mi familia. Seguiré leyéndote, soy tu fan No. 567, tanto que votaría por ti en las próximas elecciones, aunque te afilies al PRD, quelehace.

Anónimo dijo...

Creo q en ese lugar hace falta un "tubo teibolero" pa q ahora si se convierta en espacio catártico...Apropósito de jotas, hay q ser menos tímidos y soltarse mas la greña, tomen en cuenta que this is the new millenium where everything goes... Hay que mandar a la verga a los parroquianos fundamentalistas!! a esos (como dijo Ramón Ayala) hay q quemarlos con leña verde...aburr!!