martes, diciembre 28, 2010
Yo: al futuro.
Hoy me desentiendo de las cobijas con cierta reticencia. Generalmente el ansia de volar me estresa un poco, pero hoy me siento como si me hubiera tomado un tafil... Me meto a la regadera y dejo correr el agua somnoliento, jugando con su temperatura y sonándome la nariz debajo de ella. Al salir me miro al espejo sorprendido de lo que cargo debajo de los ojos... sospecho que es algo más que privación del sueño o exceso del mismo. Me seco, me unto, me peino y me perfumo como si nada pasara, listo para lo que sea que depare el día de hoy. Me visto de negro, que es lo más cerca que tengo a un canvas, y cierro con trabajos la maleta llena de ropa y afiches. Me topo con mi camiseta que dice Not Getting There y me soprendo de lo poco supersticioso que soy. Saco el libro esotérico de mi mochila y lo pongo a los piés de mi camastro, dejo el de la Rendell y Puig que tengo aplazando ya demasiado tiempo. Salgo y persigo al futuro camino al tren... es un vaso de agua derramándose.
jueves, noviembre 18, 2010
XXX territory...
He ido dos veces a la playa en menos de 2 semanas seguidas y no lo había hecho desde hace mucho. Extrañaba el hartarme de la arena, quemarme bajo el sol por más litros de bloqueador de enésimo factor que me pusiera y sentir mi rostro ajado y endurecido por el calor y la humedad. Nada de esas cosas suenan bonitas pero las extrañaba por esa sensación infantil de invencibilidad (e imbecilidad) que me postraba en extrañas posiciones en la cama por las ampollas de más de una pulgada en mis hombros y espalda, recordando con ese olor la primera niñez en que conocí mi piel reventándose debajo de unas vendas, confirmando en la mirada de mi madre cómo el dolor es algo completamente transferible cuando hay amor y culpa de por medio en sepa quien qué proporciones. Confirmé mi fobia al agua y sus secretos, la mística del mar me aterra tanto como la de dioses canónicos y descubrí que soy más de tierra, que rebotar a cientos de kilómetros por hora en baches hechos ex profeso, sentirte una fuerza de la naturaleza, imparable y amenazante, viendo de lejos un paisaje desértico con cactus enormes y una línea azul apenas diferenciada del cielo, es lo mío. También confirmé sin demasiado entrenamiento psicoanalítico que esos dos universos y mi relación con ellos son la respuesta a mi ofensiva superficialidad... puedo saltar baches, brincar cercas, dar de bruces con el suelo y levantarme si tengo ganas, pero nunca jamás me aventaré a un pozo sin asegurarme antes que no tenga fondo.
martes, octubre 26, 2010
wondering... just.
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jueves, octubre 14, 2010
Vítores...
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miércoles, septiembre 22, 2010
Ubiera no es con hache...
Anoche cené y vi una buena película acompañado de la primera persona con quien intenté entablar una relación que no se basara exclusivamente en el sexo cuando recién llegué a vivir a esta ciudad. El proyecto fue fallido porque me di cuenta que el filtro del sexo tiene mucho peso, no importa el lugar en que lo ponga, la estrategia de dilación no funcionó esta vez y dudo que vaya a funcionar en el futuro.
Pero lo importante es que descubrí a una persona genuina, inteligente y agradable en un lugar donde la presunción combinada con indiferencia son denominador común. Y algo que me sorprendió bastante fue que ubicara perfectamente mi personalidad sinuosa después de tanto tiempo sin vernos. No que sea yo una esfinge difícil de leer, pero que la gente tome nota y le haga gracia lo que a muchos irritaría no deja de ser estimulante.
Pero lo importante es que descubrí a una persona genuina, inteligente y agradable en un lugar donde la presunción combinada con indiferencia son denominador común. Y algo que me sorprendió bastante fue que ubicara perfectamente mi personalidad sinuosa después de tanto tiempo sin vernos. No que sea yo una esfinge difícil de leer, pero que la gente tome nota y le haga gracia lo que a muchos irritaría no deja de ser estimulante.
viernes, septiembre 10, 2010
Tratado pop sobre la fugacidad del mexicano
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sábado, agosto 21, 2010
Sinuoso...
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Medellín es otra cosa; es armonía y buen humor, salvo por los agentes de migración que parecen disfrutar las vueltas que da la vida y se cobran conmigo las décadas de mal trato de que han sido objeto en el extranjero. Lo bueno es que esta vez me contuve y no hice el numerito de siempre de agarrarme a los gritos con la autoridad y todo se resolvió... No he visto aún suficiente ciudad para contarla, pero mi primera impresión es que si no hay nada detrás de tanta amabilidad antioqueña, ésto podría ser el paraíso: la belleza y la voluptuosidad son constantes en esta ciudad que Vallejo me pintó mucho más apocalíptica y ¡el acento! podría amarlo y adoptarlo desde ya, si no fuera tan en contra de mi propio temperamento...
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...Le dicen "la ciudad de la eterna primavera", igualito que a nuestra Cuernavaca, con la que tiene más de una similitud. El verde abunda, sus calles son limpias y el centro de la ciudad es casi como cualquiera de Latinoamérica. Atrás del Museo de Antioquia, una hilera de morochas ofrecen sus servicios a las puertas de moteles de baja categoría con el mismo entusiasmo que los ambulantes de frutas. La devoción de los paisas parece ser grande, según indica el atiborrado santuario católico al que me asomé... el tiempo no me alcanzó para recorrer el museo, pero pude echar un vistazo a una exposición de un artista figurativo con una fijación por los ángeles y un trazo muy interesante. En la plaza, te escoltan esculturas de bronce de Botero, que creo es el medio en que su fijación por la obesidad cobra mejor expresión y el contraste con los indigentes en los huesos pidiendo ayuda no puede dejar de notarse... como tampoco la molestia de los fotógrafos que ofrecen sus servicios a grupos de turistas que ya se inmortalizan al lado de las esculturas con sus cámaras digitales. Por alguna razón que no me explico, las motocicletas son un medio de transporte muy recurrente y los taxistas tienen nombres tan chistosos que no sabe uno si le están tomando el pelo o de plano el sentido del humor colombiano no lo entiendo del todo.
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...Le dicen "la ciudad de la eterna primavera", igualito que a nuestra Cuernavaca, con la que tiene más de una similitud. El verde abunda, sus calles son limpias y el centro de la ciudad es casi como cualquiera de Latinoamérica. Atrás del Museo de Antioquia, una hilera de morochas ofrecen sus servicios a las puertas de moteles de baja categoría con el mismo entusiasmo que los ambulantes de frutas. La devoción de los paisas parece ser grande, según indica el atiborrado santuario católico al que me asomé... el tiempo no me alcanzó para recorrer el museo, pero pude echar un vistazo a una exposición de un artista figurativo con una fijación por los ángeles y un trazo muy interesante. En la plaza, te escoltan esculturas de bronce de Botero, que creo es el medio en que su fijación por la obesidad cobra mejor expresión y el contraste con los indigentes en los huesos pidiendo ayuda no puede dejar de notarse... como tampoco la molestia de los fotógrafos que ofrecen sus servicios a grupos de turistas que ya se inmortalizan al lado de las esculturas con sus cámaras digitales. Por alguna razón que no me explico, las motocicletas son un medio de transporte muy recurrente y los taxistas tienen nombres tan chistosos que no sabe uno si le están tomando el pelo o de plano el sentido del humor colombiano no lo entiendo del todo.
viernes, julio 30, 2010
Rewind, be kind (guilty pleasure time)
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miércoles, julio 21, 2010
Queens
Al parecer me persiguen los barrios infestados de transgéneros de teta al aire y vestuario delirante. La calle parece una verbena erótica y yo sólo veo pasar los coches y escucho de lejos las negociaciones en lo que voy de regreso al departamento o salgo a comprar cualquier cosa para cenar. Igual me pasó en mi anterior barrio y al principio me decían cualquier cantidad de cosas al pasar hasta que terminaron acostumbrándose a mi presencia tanto como yo a la de ellas.
Anoche me topé con una que parecía limpiarse las lágrimas cuando se toparon nuestras miradas, pero la sostuve lo suficiente para darme cuenta que era glitter lo que se acomodaba alrededor de un par de ojos negros magnificados por un maquillaje impecable y unas pestañas de vértigo. La venus de silicona, tanga y plataformón se saca de onda cuando le sonrío, pues al parecer sólo conocen dos reacciones, la de asco y la de deseo voraz.
Anoche me topé con una que parecía limpiarse las lágrimas cuando se toparon nuestras miradas, pero la sostuve lo suficiente para darme cuenta que era glitter lo que se acomodaba alrededor de un par de ojos negros magnificados por un maquillaje impecable y unas pestañas de vértigo. La venus de silicona, tanga y plataformón se saca de onda cuando le sonrío, pues al parecer sólo conocen dos reacciones, la de asco y la de deseo voraz.
viernes, julio 02, 2010
martes, junio 29, 2010
Orgasmos, el musical...
Adivinar el contenido del mensaje por el vibrar de un celular debe ser un talento. O debe ser que el usuario no esté pensando en otra cosa, o que la explicación en español roto del portugués no es suficientemente entretenida, o que las copas de vino estén surtiendo efecto. Pero leerlo en medio de tanta solemnidad y elegancia sin soltar la carcajada tiene su mérito, como también lo tiene levantarse sin que se note la felicidad queriendo salir del pantalón. Lo soez resuena en el cráneo como si sucediera de nuevo la teoría del Big Band dentro de él.
Lástima que la mayoría sea incapaz de sostener tanta voluptuosidad lejos del teclado...
Lástima que la mayoría sea incapaz de sostener tanta voluptuosidad lejos del teclado...
jueves, junio 17, 2010
Ni modo...
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Llegando a la oficina no hay nadie que atienda el interfón, espero diez minutos a que alguien se digne a abrir la puerta y me arrepiento de haber declinado la invitación a comer de mi entrevistada cuando constato que mi wrap está ya frío. Llego justo antes del primer gol del equipo mexicano y algo en mi interior se conforta al ver el desconcierto en los bellos rostros franceses... pero nunca he sido de equipos: me cuesta trabajo empatar con emociones colectivas, así que lo único que me resta es ver esa euforia viral y la alegría efímera de un balón penetrando un arco y elevando en su giro un henchido patriotismo de temporal y un orgullo totalmente injustificado, como la mayoría de los orgullos...
lunes, mayo 10, 2010
Masturbación
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Para nadie es un secreto que el hecho de que esos personajes ganen exorbitantes sumas de dinero por un trabajo que no implica demasiado esfuerzo o riesgo real, significa que alguien más, en triste plural, está siendo subempleado -sino es que explotado en el mayor de los casos. Y uno no hace más que mover la cabeza o girar los ojos en señal de reproche, pero sobre todo, de conformidad o fatalismo. Y no, mi intención no es citar a Marx o Engels ni ponerme a cantar la internacional y huir a las montañas a tratar de cambiar el mundo entre un carrufo de marihuana y un trago de aguardiente.
Lo que me molesta mucho de esa ecuación es ese desliz tan recurrente de la gente pudiente por demostrar a quien se atraviese que ellos están comprometidos a ayudar a los menos privilegiados, que tienen vocación de servicio y que su corazón está lleno de amor por el resto de los mortales, sobre todo si esos mortales están a punto de dejar de serlo por el hambre, la enfermedad o la violencia. Y sabemos que generalmente se trata de promotores del complejo de culpa que seguramente se verán beneficiados de algún incauto que quiera sentirse bien consigo mismo por un momento aunque desfalque su bolsillo quincenal en favor de un pedazo de cielo o la sonrisa fotogénica de un niño lombriciento: la masturbación como equivalente del sexo/el arrebato sentimental como equivalente de la conciencia social. No hay cómo reprochar una buena acción cuando su primer nombre es ése, aunque asumo que no todos son tan ingenuos para pensar que están cambiándole la vida a alguien depositando unas monedas en su mano, como si la vocación de primera dama del país fuera endémica. Pero cuando se llenan planas y se gasta dinerales en eventos benéficos cuya mayor plusvalía es la autocomplacencia a mi lo que me da son ganas de vomitar.
domingo, mayo 02, 2010
Lontano/vicino
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sábado, abril 17, 2010
Karma Police
miércoles, marzo 24, 2010
Jerizonga y efemérides
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Ese fue el cierre de un ciclo, el final de la inocencia para mucha gente (incluyéndome) y el principio de lo que muchos creímos era la agonía de un mafioso partido político que nos ha demostrado una capacidad de regeneración envidiable… y aterradora.
Poco después yo cambié de lugar de residencia y en medio de una revolución de declaraciones, teorías que se diseminarían como puestos ambulantes y que generarían riqueza y prestigio a quienes supieran aprovechar la coyuntura, nos topamos con otro evento que provocaría una conmoción casi del mismo impacto: el asesinato de Selena. Yo, igual que la mitad del mundo, apenas y sabía quién era esa mujer cuando ya un amigo me regalaba su teoría conspiradora al ver las noticias en los lockers de los baños de la calle 10: según él, Ana Bárbara -otra cantantucha grupera de mediana popularidad- había mandado matar a su principal competencia… yo no sé si reí por la descabellada idea o porque venía de una Agatha Christie velluda, en toallita percudida y sandalias azules de 10 pesos.
Ayer que pasaba por las instalaciones de la fundación Colosio y hoy que me bombardeaban con una selección cansona de los éxitos de Selena me decía a mi mismo que los caminos a la gloria se labran igualito que como escribe Dios: en renglones torcidos.
jueves, marzo 18, 2010
Incontinencia pop... (o miro la vida pasar)
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Yo tiendo a ser mucho más quisquilloso en retrospectiva, por lo que veo, porque la verdad es que estaba de lo más contento después de atragantarme con el desfile de modas del horror (a tono con mi viernes) y constatar lo diverso del público asistente, incluso algunos presentes que estaban ahí como haciéndole un favor a quienes nunca se lo pidieron. Así es esto del libre tránsito y el dejarse ver. La que sí de plano le está haciendo demasiados favores al marido es Olvido, que en su afán de apuntalar la carrera musical (o lo que crea él que sea su carrera) de Mario Vaquerizo queda un poco mal imponiendo su presencia al cierre del concierto. Su participación en El Rey del Glam pasa, pero el resto es un poco de pena ajena.
domingo, febrero 28, 2010
Horas Desesperadas
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El caso es que después de mi sabático forzoso, vuelvo a las andadas laborales formales, que ni la piratería ni la prostitución han sido nunca lo mío. Ni siquiera cuando tuve la edad para eso. En cierto momento me di cuenta que eso de vender la mercancía es una cosa más de temperamento y estómago que de ligereza moral, de la que puedo ser fan pero que nunca es suficiente cuando en realidad lo de uno es el esnobismo.
Es como todo. Por ejemplo, en mi búsqueda de nuevos horizontes vocacionales fui capaz de hacer de niñero por una noche y no es que sea lo más difícil del mundo -que no lo es- pero que tortures tu vejiga por el temor a dejar sólo al escuincle y que se caiga por el balcón del cuarto piso puede que sea buen argumento para una película de Von Trier o Julio Medem, pero no algo que podrías en tu curriculum. Ahí me quedó claro también que la paternidad no es lo mío, que eso de colgar tu autonomía en el clóset hasta que el chamaco sea aceptado en alguna universidad no está programado en mi ADN.
Lo que sí debo reconocer es que me fascina la tiranía infantil. Más bien la envidio, porque no es fácil ejercer impunemente esa tiranía cuando tienes más de 3 años, aunque hay mujeres que siempre encuentran la forma, hay que admitirlo, aunque para eso tengan que pagar una factura demasiado gorda.
jueves, febrero 11, 2010
Guionistas vs realidad
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Antier que me llevaron por primera vez a una sala de emergencias trataba de imaginarme las historias de la gente que pasaba, del que me empujaba en una silla de ruedas preguntándome mi estatura, del doctor y su diagnóstico express, de la técnico en rayos equis que me ayudaba a quitarme el pantalón y a colocarme correctamente en el aparato, del que me decía desde la cabina que no respirara y levantara los brazos aunque el dolor apenas me lo permitiera, de la enfermera que insertaba la aguja en mi vena dorsal para administrarme suero y de aquella que me masajeaba el glúteo para inyectarme algo que parecía concentrado de agua de jamaica, de la secretaria que entra a pedirme mis datos una vez que vocea a algún familiar que brilla por su ausencia.
Yo asumo el papel estoico, pensando en aquel capítulo en que James Woods hizo de paciente parapléjico. Pero la elección no es aleatoria, con una contractura muscular como la que traía yo, no convenía hacerla mucho de pedo con eso del método y la sobreactuación. No estaba en juego un Emmy sino mi propio bienestar. Y yo seré muy protagónico, pero de tonto nadita.
Durante el período de observación, escucho como a unos metros de mi una señora grita de dolor por un medicamento aparentemente mal aplicado, también se escucha el sonido de aviso de un messenger y una estación radial popular. Con las pláticas y el andar de las enfermeras alacanzo a distinguir el diálogo entre un doctor y una señora de 95 años que no tiene ni diabetes ni hipertensión y que seguro sus visitas a emergencias son el equivalente a retocarse el tinte en las raíces. Intento adivinar el color aplicado a sus canas cuando pasa en la camilla con un tobillo enyesado y me pregunto si hay algún motivo para que el doctor le hable tan alto, cuando ella responde con voz modulada normalmente. Sus pantunflas son parecidas a las que dan en los hoteles de muchas estrellas, azul marino con un escudo dorado.
Calculando los movimientos, intento alcanzar mi celular para ver un mensaje de entrada pero desisto. De pronto me doy cuenta que no es la primera vez que estoy en una sala de estas, mi recuerdo es tan vago que sólo alcanzo a divisar a una enfermera salvaje cosiendo mi paladar de 10 años como si fuera yo de mezclilla. Mi memoria salta unos 5 años atrás, cuando una olla en ebullición cayó por un costado de mi cuerpo y pasé varios días vendado sin saber siquiera lo que era Halloween como para encontrarle el chiste. Recuerdo las ámpulas, el olor, pero es tan lejano que sino fuera por el rostro aterrado de mi madre juraría que le pasó a alguien más. Nunca he dudado de su amor, pero si alguna vez necesito reconocerme en unos ojos será en los de Ella.
En algún momento iba a decir que a la realidad le falta la buena edición y música de E.R., pero enciendo mi iPod y espero a que el valium haga su efecto con la seguridad de que despertaré mejor al siguiente día. Y que llamaré a mi madre una vez que esté totalmente recuperado para contarle todo como una broma. Justo como lo que no fue.
jueves, febrero 04, 2010
Fig/suras
sábado, enero 30, 2010
En espera...
--Te diría que le reces a San Judas, pero como no crees en Dios...
Así me deja mi hermana a las puertas del aeropuerto, con la sensación de que la suerte favorece sólo a los creyentes y aún así, sin la menor intención de abandonar mi agnosticismo: la duda es el nuevo negro; mismo color de mi destino al llegar a documentar y enterarme que he excedido el límite de peso reglamentario. Intento sumir la barriga y chupar mis mejillas como posando para foto de Facebook, pero caigo en cuenta que la fulana se refiere a esa maleta repleta de libros encima de zapatos que casi nunca uso y los cosméticos que estuve a punto de olvidar. No es difícil sacar la cuenta de mi naturaleza contradictoria y folclórica al echar un vistazo a ese bolso de mano: Bataille, Garibay, Marías (no las galletas, el autor), Coetzee, Pleynet, Frazer, Genet, Abril, tres números del comic Dylan Dog y una colección de postales de Warhol que me regalaron hace varios cumpleaños; abajo de esa montaña de libros, unas botas de piel temporada 2008 y encima de todo esto -haciendo malabares- mi cosmetiquera atiborrada de afeites Clinique, Neutrogena, Nutrimen C, Niquel y Sensodine. No hay muchas conclusiones que sacar con esta lista: todos sabemos cual -o quien o qué- es mi verdadero dios.
En ruta a abordar, veo un personaje que me parece familiar acompañando a una jovencita de más de 1.80 de estatura y rostro modiglianesco que fascinaría a mi amigo fotógrafo. Me espera un vuelo tranquilo, sin ataques de ansiedad ni dolor sinusítico ni de oídos y de camino en el taxi rumbo a casa, me quito los audífonos para que la verdadera banda sonora de la ciudad acompañe nuestro reencuentro. Todo hubiera sido mejor si el conductor no tuviera puesto la radio en un programa de una tal Martha de Bailey venerando a un idiota que vomita lugares comunes travestidos de sabiduría absoluta sobre relaciones de pareja. Me pregunto si esa gente tendrá tiempo de mantener una relación auténtica después de publicar un libro de autoayuda como ese, pero me tumbo el rollo y disfruto la hora y media del trayecto que parece paseo en ruleta rusa en cualquier parque de atracciones extremas.
Llego a casa, desempaco y me preparo algo de comer. Hago una siesta y me convenzo a mi mismo de que este día es para descansar, que la vida social puede esperar, que no hay nada de malo en oprimir on hold a la rutina para sustituirla por otra...
Así me deja mi hermana a las puertas del aeropuerto, con la sensación de que la suerte favorece sólo a los creyentes y aún así, sin la menor intención de abandonar mi agnosticismo: la duda es el nuevo negro; mismo color de mi destino al llegar a documentar y enterarme que he excedido el límite de peso reglamentario. Intento sumir la barriga y chupar mis mejillas como posando para foto de Facebook, pero caigo en cuenta que la fulana se refiere a esa maleta repleta de libros encima de zapatos que casi nunca uso y los cosméticos que estuve a punto de olvidar. No es difícil sacar la cuenta de mi naturaleza contradictoria y folclórica al echar un vistazo a ese bolso de mano: Bataille, Garibay, Marías (no las galletas, el autor), Coetzee, Pleynet, Frazer, Genet, Abril, tres números del comic Dylan Dog y una colección de postales de Warhol que me regalaron hace varios cumpleaños; abajo de esa montaña de libros, unas botas de piel temporada 2008 y encima de todo esto -haciendo malabares- mi cosmetiquera atiborrada de afeites Clinique, Neutrogena, Nutrimen C, Niquel y Sensodine. No hay muchas conclusiones que sacar con esta lista: todos sabemos cual -o quien o qué- es mi verdadero dios.
En ruta a abordar, veo un personaje que me parece familiar acompañando a una jovencita de más de 1.80 de estatura y rostro modiglianesco que fascinaría a mi amigo fotógrafo. Me espera un vuelo tranquilo, sin ataques de ansiedad ni dolor sinusítico ni de oídos y de camino en el taxi rumbo a casa, me quito los audífonos para que la verdadera banda sonora de la ciudad acompañe nuestro reencuentro. Todo hubiera sido mejor si el conductor no tuviera puesto la radio en un programa de una tal Martha de Bailey venerando a un idiota que vomita lugares comunes travestidos de sabiduría absoluta sobre relaciones de pareja. Me pregunto si esa gente tendrá tiempo de mantener una relación auténtica después de publicar un libro de autoayuda como ese, pero me tumbo el rollo y disfruto la hora y media del trayecto que parece paseo en ruleta rusa en cualquier parque de atracciones extremas.
Llego a casa, desempaco y me preparo algo de comer. Hago una siesta y me convenzo a mi mismo de que este día es para descansar, que la vida social puede esperar, que no hay nada de malo en oprimir on hold a la rutina para sustituirla por otra...
martes, enero 26, 2010
Deshilvanando
No sé si haya alguien que se pregunte porqué soy cada vez menos confesional en este espacio. Yo sí, y creo que tiene que ver con esa tendencia mía a la autoconciencia, que es pariente cercana de lo predecible. Y no es que tenga nada en contra de eso -sería como estar en contra de los componentes químicos del agua- pero llega un momento en que uno se cansa de tanta autocomplacencia, esa que se regodea en sus propios desatinos como el papá fascinado por la palabrota en boca del niño de 4. Y sí, tampoco reniego de mi infantilismo patológico ni de mi nihilismo de celofán, simplemente ya no me hace tanta gracia. La escala creativa se ha atorado en una nota y eso le quita diversión a ese ejercicio tan dosmilero de “postear”, y aquí es donde me queda claro que yo no soy tan bueno para inventar como para ocultar o disimular, para obligar al escapismo a travestirse de atrevimiento sin reconocerlo. Releyendo algunas cosas me queda claro que revelé más cosas de las que me propuse, pero mi desvergüenza pasa por otros caminos, me sonrojo con cosas tan simples como la vulgaridad, el miedo al ridículo tan victoriano como un cuello alto con encajes, pero aquí mismo me sorprendo arropándome a una excentricidad prefabricada y mi laberinto se revela aún más denso. El rizo se me enreda entre las piernas y tal vez ese sea mi nuevo ejercicio: exponer lo simple y lo obvio y tratar de desmadejar esa futilidad que esconde mi ombligo sin fondo.
martes, enero 19, 2010
Carrots and flowers
lunes, enero 11, 2010
Blind
Contento de no ver sino hacia dentro. Enamorado de su profundidad, sus recovecos, de parpadear a voluntad y olvidarse del mundo de allá fuera de la misma forma que él es ignorado a pesar de estar siempre en la cima de las obsesiones no dichas. Hablaría pero los verbos le eluden, su expresividad no tiene límites a pesar de la insistencia en hacer oídos sordos a su lenguaje cifrado. Se guarda historias para sí mismo sin el menor sentimiento de culpa, elemento que ha sabido arropar así como aquellos de limitada imaginación que le condenan. Pocos son conscientes de su presencia y sus veneradores se reúnen como en cofradías medievales, reivindicando con su culto un camino de luz sembrado de sombras y aparente vacío, iniciados en un arte opuesto al de amar sin parecerse en nada al odio. Él sabe que basta mirar hacia adentro para reconocer su presencia y que sólo una mirada es suficiente para caer en su hechizo…
martes, enero 05, 2010
Agua
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